El ciclo de producción del espárrago (Asparagus officinalis) depende de la variedad, las condiciones climáticas y el manejo agronómico aplicado.

Es un cultivo que prefiere días largos y alta intensidad lumínica, aunque la luz no tiene un efecto directo sobre el crecimiento de los turiones. La temperatura óptima para su desarrollo es de 19 °C ± 7 °C, mientras que en zonas frías, por debajo de los 10–15 °C, el crecimiento se ve afectado.
La vida útil del espárrago varía entre 6 y 12 años, en función del número de cosechas realizadas por temporada. Con una sola cosecha anual puede alcanzar entre 8 y 10 años, mientras que con dos cosechas por año la duración se reduce a 6 o 7 años.
La planta se compone de una parte aérea o fronde (tallos, ramas, hojas, flores, frutos y semillas) y una parte subterránea, formada por raíces principales -que almacenan carbohidratos-, raicillas -que absorben agua y nutrientes- y la corona o rizoma, donde se originan las yemas vegetativas que producen los turiones, la parte comestible.
El rendimiento de la planta está directamente ligado a las reservas acumuladas en las raíces principales durante la temporada anterior, más que a la fotosíntesis de la temporada actual. Por eso, el manejo de la parte aérea es fundamental para asegurar una buena cosecha al año siguiente.
En cuanto al suelo, el espárrago se adapta a una amplia gama, aunque obtiene mejores resultados en suelos francos y francos arenosos, sueltos, profundos y con buen drenaje. Si bien tolera cierta salinidad, es susceptible a suelos ácidos, lo que hace necesario un monitoreo constante del pH.


