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Tradición japonesa

June 4, 2018
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Hokkaido significa literalmente “camino al Mar del Norte”, y es la segunda isla más grande de Japón y representa casi un cuarto de la superficie de este país asiático. Tiene una extensión similar a la región de Atacama y es famosa por sus montañas, su cerveza y su festival de nieve.

A mediados del siglo XIX comenzó el interés de las autoridades japonesas por el salitre o chilean nitrate como se le conoce en Japón. El primer ensayo de
terreno para probar las bondades del salitre en remolacha azucarera lo efectuó el gobierno japonés en 1870 en la Prefectura de Tokio. Y la primera importación
comercial de salitre al Japón de la cual existen registros la realizó la cooperativa agrícola Hokuren en 1921 y su destino fue la isla de Hokkaido, para uso en el cultivo de remolacha. Estas importaciones de salitre se han mantenido e incrementado hasta hoy y se han agregado nuevos productos especialmente desarrollados para el mercado japonés como el Nipomag. Este año 2018, cuando nuestra Compañía cumple 50 años, la relación comercial con Hokuren tiene ya casi un siglo de historia.

La isla de Hokkaido cubre el 25% de la demanda de azúcar del país. En sus 58.000 hectáreas cultivables, 7.161 pequeños agricultores se dedican a la remolacha, un cultivo que está protegido y es subsidiado por el gobierno, porque es muy importante para la economía agrícola de la isla. Esos pequeños, medianos y grandes agricultores no comercializan individualmente sino a través de cooperativas, y Hokuren es una de las principales de la isla.

Ahí todo sigue un orden muy japonés. El mismo suelo se planta con remolacha y las temporadas siguientes con trigo u otro cultivo hasta que se vuelve a la
remolacha. En agricultura, eso se llama rotación cultural. En Hokkaido hay dos meses de nieve en invierno, los inicios de la primavera son fríos y la fase inicial de crecimiento de una planta es particularmente crucial. En este sentido, el nitrógeno que viene del nitrato es apreciado y muy efectivo ya que no requiere de ninguna transformación, de modo que la planta lo puede absorber y utilizar de inmediato.
Para crecer y fructificar, todas las plantas necesitan nitrógeno, fósforo y potasio. La remolacha es una de las pocas especies que es capaz de suplir una buena parte de sus necesidades de potasio a través del sodio. Y por eso nuestro nitrato de sodio suple las necesidades de nitrógeno y potasio a la vez.

De hecho, en Japón circula como una especie de conocimiento heredado de agricultor en agricultor la idea de que “la planta de remolacha prefiere el nitrato de sodio”.

Los estragos de la guerra

Desde 1936, la empresa japonesa Mitsubishi ha actuado como agente importador del salitre hacia Japón. Estas importaciones solo se interrumpieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Chile y Japón rompieron relaciones diplomáticas y Mitsubishi cerró su oficina en el puerto de Valparaíso. La prohibición de importar este producto chileno se extendió hasta 1951, con serias consecuencias para un Japón derrotado e invadido por las fuerzas aliadas: debido al insuficiente abastecimiento de fertilizantes, tanto locales o como importados, sus habitantes vivieron una drástica reducción en su producción de alimentos.

Ese año 1951, las empresas Shin Nippon y Taihei importaron para la cooperativa Horuken 4.000 toneladas de salitre. El producto fue transportado en la nave noruega Poly Crown y arribó al puerto de Otaru el 12 de abril. La fotografía del desembarco del chilean nitrate apareció en los periódicos de todo el país. La noticia iluminó los sombríos años de la reconstrucción de postguerra, como una suerte de anuncio de la recuperación de la capacidad agrícola y de la normalización de la vida en Japón.

En 1955 Mitsubishi reabrió la oficina en Santiago y desde entonces la relación con Hokuren sólo se ha fortalecido. En 2001, además de vender el tradicional salitre, se agregó el nuevo producto Nipomag (Nitrato de Potasio + Magnesio), especialmente desarrollado para Hokuren.

Actualmente, SQM produce cerca de 11.000 toneladas anuales de salitre exclusivamente para esta cooperativa agrícola japonesa. Aunque el precio se ha incrementado en el tiempo y las pruebas oficiales del gobierno japonés han confirmado que el cloruro de sodio más otras fuentes de nitrógeno proveen prácticamente los mismos beneficios que el nitrato chileno, los agricultores de la isla de Hokkaido siguen prefiriendo y creyendo en la eficacia soberana del nitrato chileno. Por cultura valoran fuertemente la tradición y mantienen intacta la agricultura que heredaron de sus padres y abuelos. El gobierno japonés, asimismo, considera el uso del salitre chileno como parte de su patrimonio cultural agrícola y apoya la decisión de los agricultores mediante subsidios. SQM, honrando el valor histórico que tiene este matrimonio de casi un siglo, también ha estado dispuesta a seguir produciendo salitre especialmente para ellos.

Dos veces al año una comitiva japonesa visita las plantas y el puerto de Tocopilla para inspeccionar la producción de nitrato de sodio. Este producto se sigue exportando en sacos con el antiguo nombre de Chilean Nitrate, ahora en maxi sacos de 1.200 kilos. Es un caso único de lealtad al salitre que ha sobrevivido guerras, embargos, fusiones comerciales y más de cinco generaciones de chilenos y japoneses.

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